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“Obrero, pilar de Cali: 3 historias de su versátil mundo.”

La tienda de Nancy fue la segunda que se formó en la cuadra de la Carrera 9na con calle 22 del Obrero, vende aceite, mecato, carnes, bebidas, cosas de aseo, almuerzos los fines de semana y lo que la gente quiera desde los 70.

A este negocio se le considera más que una “tienda”: es el estadero para tomar una cerveza, un punto de encuentro, la casa de las novenas y las fiestas de fin de año. Los residentes prefieren a Nancy por encima de cualquier super o mini mercado de la comuna 9.

Nancy Caicedo, una mujer mestiza, robusta, con cabello corto y de un negro que degradó con el tiempo, nació ahí mismo en 1954 y sólo la sacarán de su hogar “cuando le toque irse en el cajón al cementerio”. Ella, con su hermano Iván, fueron la tercera generación de la familia habitante de la comunidad. Doña Olga, madre de Nancy con 92 años de edad, también conoció la luz del sol en el mismo lugar. El Obrero se ha destacado por contener historia caleña desde su principio hasta ahora: siendo escenario en la grabación de películas y estrenos de obras de teatro, ha visto la evolución de la ciudad, vivió catástrofes como la Explosión del Ferrocarril el 7 de agosto de 1957 y conserva memorias que tienen las mismas décadas que los árboles de la cuadra. Dentro de él hay entre 6 y 10 familias que aún permanecen y transmiten su legado, una de ellas son los Caicedo.

Los abuelos de Nancy fueron co - fundadores del barrio. Un trabajador del Ferrocarril y una dama del sector textil crearon su casa de ladrillo para quedarse, de ahí las raíces crecieron y aparecieron retoños: la hija del matrimonio nació en 1925 con el nombre de Olga; con los años el retoño tuvo las ramas: Doña Olga y su esposo, sin haber movido un pie fuera de la manzana tuvieron a Nancy e Iván Caicedo. Las ramas crearon las hojas y Nancy a sus 30 tuvo a Dorian, Jhony y Stefani Rosas. Sólo Dorian y Stefani tuvieron, cada uno, un hijo que, al nacer ambos casi en el mismo período son primos hermanos inseparables. 6 generaciones formaron un árbol genealógico que no se sabe cuándo parará de crecer.

Las temporadas más lindas del Obrero, para ella, son la Semana Santa y la Natividad. Las procesiones son los eventos en los que los vecinos más invierten junto con la Parroquia desde antes de 1992, personas de todo Cali vienen al parque Obrero cada Semana Santa para caminar y predicar rezos o incluso a cargar el propio santo. Puede ser la celebración más puritana, ningún pecador se la pierde, la aprovechan como la oportunidad para disculparse con Jesucristo.

Fotografía de la Biblioteca Departamental, Carlos Chavarro.

Por adoración a su gente, la casa Caicedo ha sido la anfitriona de reuniones entre familia, amigos, vecinos y compañeros de trabajo, todos juntos. Incluso te podías encontrar al borrachín Carlos bailando El Preso y bebiendo licor adulterado, el dinero no le alcanzaba para Blanco del Valle. Quien viera a Doña Olga despierta en una rumba a las 2 de la mañana se imaginaría que a la anciana no la han dejado dormir… lo que no entienden, hasta que lo ven, es que la señora se toma el Ron como si fuera agua y sus pies a pesar de sus 92 años, se mueven al compás de la salsa como si tuviera 20.

Los niños son los consentidos en diciembre y ellos lo saben, desde el 16 hasta el 24 comienzan a alistarse a las 6:30 de la tarde para que a las 7:30, después de comer, sus mamás los dejen ir a las novenas… a comer otra vez. El “Dulce Jesús Mío” y los villancicos forman una melodía ambiental que se escucha en todas las casas, el olor a natilla, buñuelo y aceite caliente (por las empanadas o crispetas) ronda en el aire. Y para el 24 de diciembre, cada niño termina encartado por los obsequios recibidos en las novenas de cada casa y esperan hasta las 12 para recibir los que faltan.

Al Obrero nada le impide la alegría, ni siquiera el tiempo es un enemigo, sólo es un invitado más.

La comerciante le ha vendido a mucha gente, y así como les brinda lo que necesitan, también ha visto cómo la vida, el destino o el propio espíritu santo hace de las suyas con quién se lo merezca.
- “Para nadie es un secreto que del obrero han salido buenos políticos, abogados y médicos. También se sabe que han salido jugadores de Futbol y cantantes.”

En 1976, cuando “Las Caleñas son como las Flores” sonaba en cada parlante de Cali y más afuera del Valle, Nancy recuerda que el barrio tuvo sus meses de fama, pues, la voz de la canción pertenecía a Edulfamid Molina Díaz, más conocido como “Piper Pimienta”, quién salió de su casa en el Obrero para pisar escenario con The Latin Brothers, Joe Arroyo y Fruko y sus Tesos.

Su carrera como un cantante oficial comenzó en 1959, sin embargo, antes de su gloria, se recorría la carrera 10 y las calles 20 y 23 cantando música cubana, algunas veces a grito herido y con botella en mano si lo cogía un despecho de alguna dama (despecho que no duraba mucho, así como cantando llora, cantando se recupera), sus tarareos y pasos de baile provocaban a las personas a seguirlo a la “Rumba Habana”, donde él terminaba de rematar. Aún después de muerto por 2 disparos en su apartamento en La Riviera hace 19 años, Edulfamid continúa vivo en una estatua en su honor montada en el parque Obrero, hecha por Diego Pombo y patrocinada por la Secretaría de Cultura y Turismo de Cali, para dar inicio el 25 de diciembre del 2014 en horas de la mañana a la 57 Feria de Cali.

Fotografía de Caliescribe.com

Alexander Escobar, el Pibe del Barrio Obrero y ex jugador del América de Cali inspiró a que el futbol fuera el deporte insignia de su comunidad, los pelaos querían ser y jugar como él cuando debutó en 1983. Por él y por Mayer Candelo en su debut con el Deportivo Cali en 1995 (quien algunas veces se podía encontrar visitando a la comunidad obrera), se hizo la escuelita de Futbol del barrio, ubicada entre la Calle 25 y 26. Aproximadamente más de 15 niños y jóvenes con ganas de salir pa’lante entrenan de 3:30 a 5:30PM lunes a viernes y a las 8:30AM los sábados con el sueño de hacer lo mismo que el: “Salir del Obrero para mostrarlo en la cancha.”

Hay conciencia de que la violencia, el vicio y la prostitución llegaron a manchar las pocas cosas hermosas que quedan del barrio, desafortunadamente se sabe cuándo éstos llegaron, pero no es claro el día en el que se irán. Por otro lado, a pesar de que la situación ya no es color de rosa, la fe no desaparece para Nancy, y las buenas intenciones de los residentes tampoco: Gracias a la Policía Nacional, de los 10 bares clandestinos que había en la cuadra de la calle 22, en este momento sólo hay 2. Los negocios zapateros, los mecánicos, la distribuidora de madera y el propio comercio se han encargado de que, si el Obrero ya no será “rumbero”, pues será un sitio donde aún puedas sonreír al pensar en Cali Viejo: actitud, amabilidad e historia…


- ¿Y usted dónde vive?
-En el Obrero. – responde Nancy.
- ¡Ah! ¡¿Usted vive en esa olla?! – le contesta la mayoría hasta hoy, año 2017.
- Todo barrio de Cali es olla porque todos tienen sus males, hay demasiada maldad en el mundo y no se va acabar. Los rumores no son nada comparados con la verdadera experiencia, he vivido más de 60 años y para mí es el mejor lugar. Caminá más bien, vamos a tomarnos una manzana (Postobón) y te muestro qué tal es.


Todos los días, a las 8 de la mañana, un cielo azul con pequeños rayos de sol saluda a la Carrera 9na con Calle 22 del barrio Obrero desde el 20 de junio de 1919, su fecha de fundación. Sus carreteras comienzan a abarrotarse de carros, camiones de servicio, las carretillas avisan por el megáfono que tienen la piña, el aguacate y el chontaduro por tan sólo a 1000 pesitos, los residentes barren sus andenes, los bares se preparan y un olor de pan de mil recién hecho de la “Panadería Familiar” ambienta la cuadra, para que la nariz capte el olor de cada persona afuera y tenga ganas de desayunar otra vez.

A la misma hora, Doña Stella abre las puertas marrones de su lavandería, se sienta en su añejo sillón frente a la entrada y prende la televisión para ver las novelas del día con su bulldog francés, anciano como ella, dormido en sus pies. Sólo se endereza en los momentos de labor y cuando atiende a sus vecinos, las mujeres de bar o a algún que otro hombre descarado que le piden el favorcito de quitarle la mancha de labial del cuello de la camisa. – “Mi Doña, ¿será que puede limpiarme el rojo de la camisa y la reclamo más tardecito? No puedo llegar a la casa y que la señora me vea así, usted entenderá.” – Le saludan. Después de 60 años de tener su negocio, la dama aprendió a no inmutarse… sólo recibía, ponía a lavar, entregaba y cobraba. Se guardó sus expresiones y gestos para cuando nadie la viera, le pidió a Dios paciencia y, cuando se trataba de las “damas de compañía”, se repetía que ellas no tenían la culpa de estar por ahí, al fin y al cabo, sólo fueron un efecto colateral de cuando llegó la violencia a su hogar.

Doña Stella, con sus vestimentas elegantes y aspecto burgués, llegó al Obrero en 1954, en ese entonces ella sólo tenía unos inocentes 13 años y la Carrera 9na con 22 se conformaba de casas hechas de adobe, bareque, ladrillo y madera, su calle sólo estaba pavimentada donde comienza el centro, el resto era tierra y polvo, no había luz afuera, sólo 1 o 2 postes con bombillos de 25W que iluminaban la noche. Los pelaos si no estaban en sus casas era porque había un “Aguae’lulo” cerca, eran las fiestas juveniles de la época de 3 a 7 de la noche, que colocaban la salsa, el bogaloo, la pachanga y el guaguancó a 45 R.P.M para azotar baldosa mientras tomabas lulada, nada de alcohol.

El tocadiscos marca Garra de 78 revoluciones de don Clímaco Parra, tenía sus días en los que la aguja rodaba correctamente sobre los discos de vinilo, otros días fallaba y los clientes de su bar se quejaban al respecto. El señor intentó maravillas para que ese tocadiscos funcionara bien, no sirvió, al final nunca faltó el que le dijo en un día de 1964: - ¡Eso parece una matraca! El campesino de Manizales colocaba el Tango Argentino que tanto se hizo popular en la esquina de la Calle 22 con Cra 11. Clímaco Parra, al ver a las personas bailando apasionadamente el tango a pesar de que el tocadiscos no dejaba de fallar, dejó que esto fuera su marca. 53 años han pasado y este negocio aún sigue llamándose “La Matraca”, en su casa en la esquina, pintada con cuadros de muchos colores y lleno de fiesta. Ahora es dirigida por Jaime Parra, el nuevo dueño y sobrino de Clímaco.

Cuando Nelly, desempleada y madre soltera de una niña de 2 años en ese entonces, llegó de Pitalito, Huila en 1985 e inauguró una cafetería entre la Cra 10 con Calle 21, los clientes comenzaron a pedirle la cerveza, el aguardiente y la “Sonora Matancera”, ella les cumplió su deseo en un principio. Colocó a Celia Cruz, Bobby Ray y Richie Cruz, boleros, bogaloo y trajo más alcohol al recinto… No supo que al final, su cafetería, testada de gente hasta afuera de las rejas, se convertiría en “La Nelliteka”.

Fotografía de Publímetro. 2015.
 Fotografía de “El Periplo de la Salsa”. 2014.

















Estas 2, la discoteca “Mickey Mouse” y la “Rumba Habana” eran el Living, Space, Lolas y Praga de los años 50, toda persona rica del norte se juntaba a bailar con el trabajador del Ferrocarril el cha cha chá de Celia Cruz; el obrero era el propio Juanchito para rematar cualquier rumba. Y como si fuera poco, en el año 1958 se creó el teatro de cine mudo “Mariscal Sucre” donde, Doña Stella cuenta, pasaba sus fines de semana viendo a Chaplin con sus amigos, saliendo de una película para entrar a otra.

- “Usted sólo pagaba la entrada y se quedaba todo el día si quisiera, no había que pagar de más por cada película como ahora, lo único era la comida, pero al rato ya no importaba.”

Dentro de la lavandería se encontraban 4 grandes tendederos, llenos de ropa dentro de bolsas colgada y lista para ser entregada, incluso había zapatos de tela, peluches y bolsos en un stand, y no faltaba, según ella, viejas prendas olvidadas que nunca fueron a ser reclamadas por el dueño. Para estas últimas Doña Stella sólo esperaba 30 días, sino llegaba nadie y la prenda era de hombre, con la talla de su hijo, se las obsequiaba, si era de dama se las quedaba o las regalaba igualmente, y si la ropa era de niño o no agradaba a ninguno de los 2, se las daba a alguna madre que rogaba una ayuda o a un “loquito” para que pueda cubrirse del frío. La parroquia Jesús Obrero, llamada en 1946 como “Santiago Apóstol”, tiene la capacidad de recibir sólo a 1000 de las 5.318 personas que residen en el barrio, en su cotidianidad si mucho recibe a 400; pues, por más que el barrio sea del “Sagrado Corazón de Jesús”, muchos se han quedado a vivir en el estilo de vida rumbero lascivo, escondiéndose de la mirada del santo en la cruz y evitando pisar la iglesia por el miedo a quemarse. Esto no pasa con Stella. La católica de 73 años asiste a la misa de 6:00 de la tarde todos los días y a la de las 8:00 de la mañana los domingos, desde su llegada le ha sentido al padre y a los feligreses un enorme agradecimiento por sus colaboraciones al parque, madres solteras y niños de la comunidad. La parroquia fue constituida como tal en 1951, pero desde 1933 el clérigo formó las primeras organizaciones cívicas, que luego hicieron las Juntas Comunales. Para ella, el padre es su héroe, y le entristece imaginar el día en el que se levante y lo primero que escuche sea que su viejo pastor ha descansado en la paz del señor...

Al final del día, cuando ya faltan 20 minutos para la 6:00PM, la hora de cerrar, el hombre descarado aparece. -Mi Doña ¿sí pudo lavarla?

Como ritual de costumbre, respiró con fuerza, descolgó, entregó y cobró los 12mil pesos por la mancha, pero hoy era un día diferente, ella no calló…

-La próxima vez acuéstese con “su mujer” sin labial si no quiere más manchas, aquí no se lavan las mentiras de nadie.

Cerró su puerta en la cara, se aplicó gotas de perfume en el cuello y salió de su casa cuando las campanas de la iglesia comenzaron a sonar, era hora de misa.


Para los 90, la comuna 9 ya era punto estructural de la ciudad, con su pavimento limpio y farolas como estrellas.

Hace 21 años, la señora Teresita de Jesús Marroquín, su esposo (ya difunto) Ismael Cajiao y sus hijas María Dorian y Miriam Natalia constituyeron como su hogar una de las casas, color blanco con baldosas cafés y terraza de ladrillo, de la Carrera 9 con calle 22 del Barrio Obrero. La vivienda es una herencia de muerte de Miriam Cajiao para su hijo Ismael.

Al recién llegar a la cuadra, los 4 miembros de la familia fueron recibidos por los vecinos cálidamente y con alegría en honor a la difunta. En 1995, todo el barrio Obrero, según sus residentes, solía ser un espacio calmado, lleno de convivencia y confianza entre todos. Existía la paz, los niños le hacían caso a la mamá, se formó la costumbre idealista de dejar la puerta abierta todo el día, y sin pasador en las noches. No había por qué temer, el Obrero no conocía los atracos y si había un asesinato era algo raro.

Para 1999, final del Siglo XX. El entorno fue dando un giro lento de 180° colocando todo de cabeza. En el 2005 se registraron los primeros robos masivos en casas y vehículos, se llevaban salas completas, sin dejar ni un cojín. Después la mortalidad comenzó a ser personaje del escenario local, a partir del 2008 en adelante, el diario El País, el periódico Extra, El Tiempo y otros medios, han relatado diferentes casos de homicidios y accidentes dentro la cuadra.

En el 2009, a las 11:00 de la mañana, las nietas de Teresa, Valery (9 años) y Fernanda (10 años), se encontraban en sus cuartos alistándose para el almuerzo. Cuando de repente, al frente de la ventana de Valery se escucharon 3 balazos de revólver que provenían de un par de sicarios en una Yamaha, el resultado fue un muerto y el tumulto de las personas después. A Valery no le sucedió nada, Teresa se lo agradece a Dios, pero la niña quedó con un recuerdo: vio cómo las balas atravesaban el cuerpo y éste caía al suelo. 

La crisis no termina, “llega otro invitado a la fiesta”: Prostitución.

Mujeres mayores, vestidas provocativamente y con maquillaje extravagante montaron imperio en los andenes de la calle. Alguna de ellas es el escape del matrimonio de algún taxista o el sexo de una hora del borracho que prometió tomarse UNA cerveza. No son jóvenes, han pasado los 30 años. – “Da pesar, yo conozco una que le pide ayuda a Miriam con sus animales, es madre de 3: 2 niñas y un muchacho mayor…” – secreteó Teresita. Lo chistoso, y si sirve de consuelo, es que las damas no buscan su clientela, la clientela les llega. El trabajo no es perfecto, limpio ni fácil, sin embargo, ellas realizan la “labor” con la cabeza en alto, actitud importaculista y sonrisas coquetas estilo 1939.  Actualmente, la demanda ha bajado, los bares han cerrado y algunas damas han emigrado, buscando oportunidades por la Cra. 8 o por la Av. 6N.

A la familia Cajiao no les ha pasado nada peor que un par de robos y una disputa que tuvo el esposo de María Dorian con un alcohólico. Pero sí ha vivido vergüenzas a su moral.
La peor pena que ha sufrido Teresa fue en una fecha que ya no recuerda, cuando las nietas tenían entre 10 - 11 años y las hijas aún deslumbraban bastante colágeno. – “Era un día normal, como cualquiera.” – comenzó a decir. – “Mis hijas se iban a ir con sus esposos y Valery y Fernanda se alistaban también para acompañarlos. Hubo un momento en el que mis 4 muchachas salieron a la calle para ver los carros, al lado de nosotros había un burdel y unos cochinos las notaron salir bien vestidas y jovencitas. Cuando saqué la basura al poste, uno de esos me pregunta:

-Mi doña, ¿A cómo tiene el rato con las niñas?
- ¡¿PERDÓN?!
El cochino se quedó callado por un rato y me dijo. - ¡Ay! ¡Esto es una casa! Uy qué pena mamita, de verdad no sabía, aquí en la calle y con alcohol uno se confunde.
Sólo sentía rabia ese día, ganas de pegarle una cachetada por irrespetuoso, pero sufro del corazón y las peleas son daño para mí.”

Las noticias y el descubrimiento del “Bronx” de Bogotá no están muy alejadas de la realidad de Cali. El terror del conductor Caleño es pasar por la Cra 10, cuando se entrecruza con la Calle 15: por estas calles está El Calvario, y cerca, El Sucre. 2 barrios de Cali donde el vicio por bazuco, perico, sacol y marihuana está presente hasta en los niños, y nadie hace nada al respecto…

Desde el 2014 para adelante, la Alcaldía de Cali se ha empeñado en remodelar el centro por la construcción de la nueva sede de la Fiscalía General de la Nación de la Sucursal del Cielo, frente al Palacio de Justicia. Comenzó por sus alrededores, derribaron entre 5 y 7 manzanas de edificios locales de la Calle 13ª, Calle 14 y Calle 15, también han quitado muchas basuras de los andenes. El acto tuvo sus pros como sus contras. Por un lado, desaparecieron los escondites de los rateros que se posaban en el semáforo de la 10 y como mapaches robaban todo a su alcance, con o sin arma blanca o de fuego, en jeaps, buses y taxis sólo metían la mano y ¡Ranchis! se lo quedan, al peatón le mostraban la navaja y la víctima proseguía a entregar. Ahora es diferente, el crimen se quedó atrapado. Por otro lado, mucha gente quedó sin el pedazo de techo que tenían para cubrirse en las noches, aquellos edificios no sólo eran negocios, también eran viviendas o metederos donde las personas se reunían a repartirse el porro. A los que fueron propietarios, los recompensaron.

¿Pero a dónde fueron a parar los demás? A lo que tuvieran más cerca.

Efectivamente el Obrero y el Petecuy comenzaron a ser los más sobrepoblados de drogadicción, tomaron el parque como su lugar de descanso, los callejones de Petecuy son los nuevos metederos para repartir el vicio en la madrugada. El comercio se drogas se solidificó y los robos aumentaron más, pues los adictos no tenían nada que dar para obtener lo que querían, así que ofrecían las cosas de los demás.

Afortunadamente aún está el rayo de luz que ilumina en la oscuridad. Pueden que hayan llegado grupos de personas de otras comunas a hacer sus fechorías, no obstante, eso no quita que entre todos los habitantes tradicionales exista la causa de desaparecer cualquier problema. Parecen una familia. - ¿Vienen a hacer un bien o a hacer un mal? Es para ver si les montamos el ojo encima. – Les preguntan muchos de los hombres de la cuadra a los nuevos.

Doña Teresita es muy realista, no siente que el barrio pueda ser el mismo donde uno “se vuelve rumbero”, no se pone la venda en los ojos para no ver la violencia. Pero algo sí le consta:
El Obrero es un buen lugar para vivir.

Tanto así que sus hijas María Dorian y Miriam han intentado sacarla de la casa sin éxito, repitiéndole a su madre el discurso que hasta ella se aprendió de memoria.

-Mami, salga de aquí. Diego, la niña y yo la recibimos en nuestra casa, pero mire esto como está. – le ruega María Dorian una enésima vez.
-No, no y no. ¿Para qué me van a hacer mover a otra parte que no conozco? Aquí todo me queda cerca, tengo al centro, el Alameda 6 que me lleva al médico y aquí hay vecinos de hace tiempo que me quieren. Váyanse ustedes, pero a mí déjenme.



Nada como estar en la casa de uno. – concluye ella.


Cra 9 con Calle 22, Barrio Obrero, Cali, Colombia. Google Maps.


Natalia Andrea Marin Palomino.

Comentarios

  1. Fantástico. Es un texto que te transporta a una época que muchos no tuvimos la fortuna de vivir.

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  2. Al leer cada historia sentía que me transportaba a ese momento exacto de los hechos, ¿como lo lograste? 😍✨

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