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"El joven enamorado de la Santería."

Piedra Eleguá. Ph: Pinterest.

Podría decirse que Ronald Ospina Ramos es un muchacho aparentemente del común. Trabajador echado pa’ lante, confiable, amable, libre de vicios y oscuros pensamientos. El hombre ideal, un impecable de 31 años. Pero, ahí donde lo ven parado, pertenece a 2 mundos, muchas historias y sólo una vida. En los días mantiene en la oficina, camisa con corbata…en las noches se quita la rutina, reluce sus collares multicolores, saluda a los santos y ofrenda a su sagrado. Ronald Ospina Ramos, aparte de vivir en la cruda realidad, también subsiste bajo la “magia” de la Santería: el universo de su identidad.

Sentados alrededor de una mesa redonda marrón, casera y cálida como el hogar, con 2 vasos de aguapanela cerca, Ronald Ospina Ramos junta sus manos y comienza su relato. 

Nació un 25 de febrero del año 1986, creciendo con la ideología atea, sin poner su fe en algo o alguien. Buena y humilde infancia, loca y traviesa adolescencia, fue feliz, que era lo importante. 

Sin embargo, no se le pasaba por la cabeza que aquella religión africana, llena de historias, canciones, personajes y fiestas le tenía el ojo encima. En el año 2003, el pequeño Ronald de 17 años visitaba frecuentemente a don Jorge Ospina, su tío, un señor mayor, mestizo, con cabello negro marcado de blanco por los 49 años de sabiduría peculiar quien es un “pastor” o “cacique” con gran poder e influencia dentro de la doctrina Santería: un Babalawo de pies a cabeza con la capacidad de hablar a los santos, asignar los entes, leer los caracoles y brindar los tributos, protegido por los importantes Orishas. Un Alto Mando hecho y derecho. 

Ospina Ramos, cuando visitaba su mística casa, se sentía fascinado por la creencia y la curiosidad se le despertó. Le preguntaba a su tío y tía sobre los misterios que deparaban la casa (sonidos a media noche, pasos retumbantes), con permiso de los santos leyó los libros restringidos los cuales sólo un Babalawo o madrina deben leer. Incluso cuando las deidades cedían, entraba a la sombría habitación atiborrada de altares, ofrendas y peticiones para Changó, Ogun, Obatala, Eleguá, Yemaya, Oshun y un sinfín de santos en su casa en el barrio Junín de la ciudad de Cali. 


- Algo increíble era la oportunidad de pedirles algo a las deidades, un deseo, un sueño, etc., brindándoles algo a cambio, claro está. Desde que comencé con la religión ellos me cumplieron, siempre, cuando generalmente no cumplen... - dijo Ronald Ospina tomando un sorbo de la aguapanela.

- ¿Y alguna vez no les cumpliste lo prometido? - me atreví a preguntar.

-No, siempre les cumplí, no iba a arriesgarme a las consecuencias que trae no cumplirles la palabra... Ellos se ofenden, se enojan, hazte de cuenta como un amigo tuyo o un familiar cercano que se enoja contigo. Te molestan, no te dejan dormir en las noches, pueden hacer que tus días sean muy malos… Por casos como esos es que empecé poco a poco a creer que algo existe… 

La Santería se convirtió en su capricho, y éste no se saciaba, no tenía fin. Las visitas no bastaban para colmar su satisfacción y conocimiento, Ronald Ospina Ramos comenzó a pasar las noches en aquella casa para disfrutar de la magia más de cerca, hasta tener una estancia permanente... comenzó a llamarla hogar.

Su travesía continuó cuando su tío lo convirtió en un “monaguillo”. El Babalawo al ver el interés en el muchacho lo volvió su mano derecha y lo llevó a la práctica. Ospina Ramos conoció junto a su mentor a lo que para él fueron los primeros sacrificios tributo a los santos, las fiestas conmemorativas y las prédicas cautivadoras. Resulta que cuando se le hace una fiesta a Eleguá o a cualquiera de los magníficos entes, es como llegar a una fiesta de cumpleaños, con temática de Barbie, Cars, Plaza Sésamo, lo que sea del gusto del festejado, hay pastel, pero no canción de cumpleaños, brindan comida, pero no se toca la que está en la mesa asignada a las deidades. El joven devoto con risas comenta que en la Santería algunos dioses pueden tratarse como niños, sin embargo, no todo es de color vivo como la alegría de un niño…

- Una vez, aun teniendo 17 o 18 años, se hizo una ceremonia en la cual se sacrificó una vaca como regalo para un Orisha mayor, como Changó u Oshun, afuera de la ciudad, con violinistas orquestando y la sangre chorreando...

- ¿Qué hicieron con la vaca? ¿Comieron de ella?

-No, los animales sacrificados no se comen, es como violar o robar la comida del plato del Santo. -Explicó. – Los animales se dejan en sitios donde diga el Santo, si dicen en el monte, se va al monte, si es de consérvalo, se conserva. Afortunadamente nunca han dicho que lo vayamos a dejar en alguna parte de la ciudad, ya sería muy riesgoso.

- ¿Ellos los consumen, de verdad?

-Los consumen, el Babalawo se encarga de dejarlo y después regresar a revisarlo, también lo he tenido que acompañar a esos viajes, y sí, los animales desaparecen, por arte de "magia", ni siquiera los huesos quedan. – Su expresión al comentarlo es taciturna, lógica por lo perturbador.

En la Santería escoges el camino a seguir, la doctrina puede ser para bien o para mal, depende de la forma y las peticiones que pretendan al Santo. El Babalawo Jorge Ospina comentó:

-Es como educar a un niño, si tú le demuestras buenas intenciones y le solicitas cosas limpias, la deidad te las dará, se acostumbrará a ello, mientras que, si cambias esa estrategia a algo malo, siquiera por una vez, se adaptará al cambio y no volverá a ser el mismo, no tendrá interés en volver a realizar buenas peticiones, las hará a regañadientes y las hará mal.

Así como le encanta los temas esotéricos, su religión, las transformaciones intelectuales/espirituales de ésta y la satisfacción de sentirse dentro del "encanto", igualmente siente frustración y disgusto frente a hábitos de ésta. 

En el pasado, Ronald Ospina Ramos solía ser un hombre que no poseía mucha sensibilidad a la hora de ver morir a una vida animal, lo consideraba un gaje del oficio, algo para bien, un beneficio y recompensa para el dios; ahora cuando se refiere a los sacrificios, es lastimero y avergonzado, puede que aun los considere necesarios... aun así aspira a que haya otra forma de hacerlo, alguna manera en el que los Santos sigan siendo alabados sin derramar sangre pura. 

El hombre creyente ahora es defensor de los derechos y la vida animal, además padre de 2 perros ruidosos, graciosos y de 1 noble gata gris, Ospina Ramos no es de las personas que se arrepienta de sus actos, de muy pocos quizá, pero reconoce en el pasado su poco consentimiento. Ahí es cuando el amor toma papel en la vida de este hombre de 31 años, en el año 2010, cuando pasaba por los 25, una mujer animalista de pasión y corazón, de cabello y ojos marrones, la más alta de su familia y con una hija a la misma imagen y semejanza llamada Miriam Palomino apareció en su vida para demostrarle que la vida no sólo es otorgada a los humanos, que un ser canino, gatuno, conejo, caballo, entre otros, también te marca y te forma como persona... que el vivir es una acción más agradable cuando tienes una mascota que te espera todos los días. Con cabeza gacha y corazón noble le agradece a su esposa... ahora tiene con ella 7 gatos y 2 perras.

Ya pasados 7 años (2003 - 2010) de ser creyente de la doctrina Santería, Ronald Ospina Ramos tuvo el sueño que le daría la verdadera bienvenida a su anhelada erudición: soñó que corría rápido, sin parar, alguien no reconocido lo perseguía, corrió hasta que encontró una habitación en la cual escabullirse y se encerró en ella, de repente, siente que no está solo, alguien lo acompaña, un ser sin rostro, su reacción más rápida fue preguntar:

 - ¡¿Quién anda ahí?! ¡Muéstrate! ¡¿Quién eres?!

Apareció un aura de luz iluminando toda la habitación, se manifiesta uno de los dioses santeros, el niño: Eleguá, el primer santo a recibir para ser un practicante.

Aquel sueño fue el mensaje que significaba que Ronald Ospina Ramos estaba listo para que su tío le asignara a Eleguá. Pero tuvo que esperar 4 años más, para tener a un ente en tus manos se requiere de mucho más aprendizaje espiritual. Ronald Ospina Ramos ya solía practicar, celebrar y conocer la Santería cual miembro oficial, sus múltiples collares en el cuello recargados de energía por los Orishas en un sacrificio tributo son su símbolo físico, las prédicas y celebraciones acompañado de su esposa entraban en su rutina, su conocimiento se expande a medida que se adentra más y más en relación al culto de la tribu yoruba. Pero 4 años tuvieron que pasar para considerarse oficialmente un practicante fiel y obtener su santo.

Cuando se asigna un santo este debe tener su representación física, y literalmente, parecida al Orisha, generalmente un tótem o pequeña estatua alusiva; Ospina Ramos compró una cabeza de piedra con rostro de niño pequeño del tamaño de una mano, en una tienda esotérica de la galería Alameda de Cali, apenas consiguió el aval para programar su ceremonia de bienvenida y recibimiento a Eleguá, se la llevó a su tío Babalawo y este la aprobó, días después, el culto pasó.

-En un principio había comprado la primera cabeza que vi y me gustó, pero al dársela a mi tío me la desautorizó, me dijo que no era una cabeza apta ni parecida al niño Eleguá, así que compré otra, casualmente parecida a mí, con esta obtuve el sí. Para cuando fue el rito, la cabeza se introdujo en un platón, junto con mis collares, todo se bendijo con sangre animal, para honrarlo y llamarlo a venir, después se limpió y me la entregaron para ofrendarle mis regalos, conocerlo, hablarle y “ganármelo”.  Pude obtener a mi querido santo en el 2014.

En la vida de Ronald Ospina Ramos, Eleguá es otro miembro vivo, parte de la familia, posee un enlace con él, de protección y admiración. Una relación semejante a la de un padre y su hijo poderoso. Se levanta a las 5 de la mañana todos los días para irse a su trabajo, pero no ha habido ni un solo día en el que no salude a Eleguá y le desee buen día. Habla con él cual par de amigos, cuando necesita algo se lo pide con toda fe prometiéndole un obsequio a cambio, como aquella vez en que, por pura obra y cariño, le regaló uno de esos tarros grandísimos de helado de Don Rico. 

Con el pasar de los días el helado fue consumiéndose... cuarto de helado un día, mitad del tarro en otro día, más de la mitad en la mitad de la semana y para el fin de semana ya no quedaba nada.. Ronald Ospina Ramos revisó el tarro, estaba vacío. Incluso en decisiones importantes de su vida, el caballero habla con él primero, pidiéndole ayuda y camino, algo seguro es que este joven de 31 años es obstinado, va derecho como los caballos sin mirar a otro lado por lo que quiere. Le consultó tanto a su santo como a su Babalawo lo mejor para su propio bien antes de irse a la Isla de San Andrés en el 2016 con la familia de su prometida, una noche, junto con Eleguá en el bolsillo, protegido por la fe, vestido de blanco, con las flores favoritas de su mujer, durante la cena familiar en un restaurante, le pidió bendición a su suegra e hijastra, se arrodilló y le propuso matrimonio a Miriam Palomino, su actual esposa.


- Así que tu transformación comenzó a partir de lo que descubrías, el pensar que eras ateo dejó de ser un hábito…


-Uno hay que creer en algo, en una deidad, dios, objeto, gracias a la Santería al final me di cuenta que nunca fui ateo. Siempre hay que creer en algo, te ayuda a vivir. - Expresó nostálgico a sus memorias.

Independientemente de todo lo anterior, Ronald Ospina Ramos es una persona abierta referente a la libertad de culto, conoce del budismo, catolicismo y cristianismo, no ha sido de las personas que incita, ofende u obliga a otras de entrar a la Santería. Aun así, no muchas veces eso ha sido suficiente. Ha sido malinterpretado socialmente, las personas (o algunas de ellas) ignorantes y temerosas a su doctrina, les parece peculiar y curioso, al conocer a Ronald, saber por qué es de la Santería y si esta religión es magia negra o brujería (cuando en realidad son 2 cosas muy diferentes), muchas veces la confunden con esta última o con vudú, incluso otros ya lo dan por sentado y recibe a cambio miradas agresivas o comentarios injuriosos. 

Ronald Ospina Ramos puede ser amable y comprensivo, pero también se enoja y se ofende, por lo tanto, por respeto a los demás como de él mismo prefiere estar aislado a comentar sobre el tema, él es una persona que puede hablar sobre todo y mamar gallo, pero con su religión es retraído. No obstante, esto no es impedimento para él de vivir dentro de sus 2 mundos, los que les concede su felicidad y les ha brindado amor y tranquilidad en todas sus facetas.

Al fin y al cabo, Ronald Ospina Ramos tiene la vida organizada y pasiva que muchos nos matamos por conseguir y envidiamos al ver, es un joven enamorado de la Santería, con magia en su vida.

¿Y es que quien no es pleno así?



Natalia Andrea Marin Palomino.

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